miércoles, 2 de marzo de 2011

La tesis de Gregory Clark, por Dan Eugen Caprarin, David Jesús Cerezo y María Castilla Prados

“A farewell to alms”, publicado por Gregory Clark, expone dos originales teorías sobre la historia de la economía. La primera se opone a la concepción general de progreso (el aumento del bienestar experimentado por la humanidad a lo largo de la historia), y la segunda trata de explicar a través de una perspectiva “biológico-cultural”, por qué la revolución industrial tuvo lugar en Inglaterra. Clark se apoya en la teoría malthusiana para demostrar que los niveles de vida de las sociedades preindustriales no eran superiores a los de los cazadores-recolectores del palelolítico. En cuanto a la segunda teoría, Clark sostiene que la revolución industrial se produjo en Inglaterra debido a la evolución de las familias más ricas. Estas tenían un mayor número de hijos, y al cabo de varias generaciones fueron conformando una “clase media”. A lo largo del tiempo, esta clase media fue creciendo en tamaño, y con ella, sus valores de ahorro, esfuerzo y trabajo fueron empapando la sociedad inglesa, preparando las condiciones para que protagonizara la Revolución Industrial.
No creemos que factores como la existencia de seguridad jurídica, una justicia eficaz y la defensa de los derechos de propiedad sean fórmulas vacías, como cree Clark. Al contrario, estos elementos son indispensables para que exista crecimiento económico, al favorecer el comercio y la iniciativa privada para arriesgar recursos. El comercio promueve el crecimiento y la especialización, permitiendo que las sociedades alcances mayores cotas de bienestar.
Lo que parece sorprendente es la poca atención que le da el profesor Clark al papel del Estado, teniendo en cuenta el importante papel que desempeñó antes y durante la Revolución Industrial. En el caso de Gran Bretaña, la organización del Estado era distinta que la de los países competidores, tenía mejor delimitados los derechos de propiedad y la actividad económica estaba menos regulada. Todo esto hizo que el mercado británico en determinados productos presentara menor regulación y mayor libertad económica en general.
El autor tampoco tiene en cuenta la importancia del crecimiento demográfico, que proporciona mercados del tamaño necesario para promover el comercio y la especialización y permite la aparición de innovadores. Para aquellas personas que piensan que somos demasiado en el mundo, podemos mencionar el estudio que realizó Thomas Sowell: "Coge el estado de Texas, divídelo en parcelas de 45 metros cuadrados, pon una casa en cada una y una familia de cuatro en cada casa y alojarías a toda la población mundial."
Imagen:
William Hogarth - Industry and Idleness, Plate 8; The Industrious 'Prentice grown right, & Sheriff of London

miércoles, 29 de diciembre de 2010

¿Cómo se puede evitar la tragedia de los bienes comunes?, por Susana Laorden Hetfleder

El ensayo parte del juego realizado en clase: la clase se dividió en grupos y cada grupo poseía una bolsa con un número definido de judías. La bolsa fue rotando y pasando por cada uno de los miembros del grupo, que se veían obligados a coger un mínimo de una y un máximo de tres judías. Al finalizar cada ronda, se rellenaba la bolsa con el número de judías que había quedado en la bolsa. El objetivo consistía en lograr nueve judías: el que las consiguiera era el ganador del juego. En este caso las judías constituían el bien común, pero en modelos de mayor complejidad también incluyen bosques, pastizales, la vida silvestre y agua superficial y subterránea.

En el primer intento llevado a cabo cada miembro del grupo encontró más beneficioso coger más judías de las que la bolsa podía soportar, porque se aproximaban rápidamente a ganar el juego y sólo internalizaban una fracción del costo de la sobreexplotación de la bolsa, por lo que el resultado fue una trágica pérdida de los recursos o judías para los miembros de grupo. Así la libertad de la comunidad redundó en la ruina de todos.

Este primer caso corresponde con el modelo propuesto por Hardin, que afirma la tragedia inevitable de los bienes comunes motivada por el difícil y costoso control de acceso y por su carácter sustractivo (cada usuario es capaz de sustraer el bienestar de otros usuarios). La solución propuesta por Hardin al problema ejemplificado en la primera situación de juego consiste en la privatización de los bienes de uso común o manejarlos como propiedad pública y así distribuir el derecho de acceso y uso.

Aunque el juego se inició siguiendo el modelo seguido por Hardin, tras varios intentos, los miembros de cada uno de los grupos nos pusimos de acuerdo para controlar el acceso a nuestros recursos y establecimos un conjunto de normas de conducta que posibilitaban que todos los miembros del grupo ganábamos el juego si nos ajustábamos a las normas que previamente habíamos definido.

Este nuevo modelo de conducta responde a la tesis de Elinor Ostrom que posibilita la autorregulación del recurso dentro de un régimen de propiedad comunal a través de la construcción de instituciones, compromisos creíbles y supervisión mutua. Nuestro modelo de de juego cumplió las tres premisas ya que todos, por consenso, definimos la manera de actuar dentro de los compromisos definidos de mínimo y máximo de judías por ronda que en un modelo real podríamos asociar con la subsistencia, y nos obligamos a cumplir mutuamente el compromiso para lograr el bien común, que todos ganásemos el juego.

Así, concluyo el ensayo con una cita de McEvoy (1988): La gente no está desvalida sino que posee la capacidad de organizar y vigilar el uso de los recursos por parte de sus miembros, de distribuir los derechos de uso entre ellos y de ajustar los niveles de uso agregado para mantener un uso sustentable de los recursos.

Bibliografía:

- Formas de propiedad y acceso a los recursos naturales. Una evolución de la evidencia en torno a la tragedia de los comunes. David Feeny, Fikret, Bonnie JMcCay, James M Acheson.

- Reposando los bienes comunes: análisis socio-técnico sobre la construcción y regulación de los bienes comunes. Scientiae Studia.

- The Tragedy of the Commons. Garret Hardin. Science.

lunes, 1 de febrero de 2010

La crisis de 2008, por Ricardo Manso Comino


El término crisis, según el diccionario, hace referencia a una situación complicada o de dificultad. En la actualidad nos encontramos inmersos en una situación de crisis profunda que para ser estudiada debe hacerse desde dos vertientes, por un lado la referida a la economía real, y por otro lado la que se refiere al ámbito financiero. Es importante, por tanto, distinguir ambos conceptos para poder comprender perfectamente la actual situación. Cuando se habla de crisis económica, se hace referencia a una situación desfavorable que afecta fundamentalmente a los hogares y por tanto a aquellos indicadores macroeconómicos que los representan –desempleo, PIB, etc.. Sin embargo, el termino crisis financiera a lo que alude es a una situación de dificultad general de los bancos y entidades financieras que afectan a su liquidez y solvencia. La relación existente entre las dos variables de la crisis es una relación de causa-efecto, pues la crisis económica ha sido consecuencia de una crisis financiera provocada por la mala conducta de algunos bancos y entidades.

El shock de origen de la actual crisis mundial se encuentra en la concesión de las llamadas hipotecas subprime, un tipo de hipotecas que aparecieron en Estados Unidos hace aproximadamente unos quince años y que tuvieron su momento de mayor auge en el año 2005. Estas hipotecas se caracterizaban por ser concedidas por bancos y entidades financieras a personas que no podían garantizar la devolución del dinero prestado, corriendo de esta manera los bancos un gran riesgo de impago. El marco ideal para que se desarrollasen estas hipotecas era un marco donde los tipos de interés fueran bajos, porque si los tipos de interés subían se dispararía la morosidad.

Tras los atentados de 11-S, la Reserva Federal de Estados Unidos decidió bajar los tipos de interés significativamente por temor a una crisis. Lo que pretendía era fomentar el consumo y facilitar la inversión, ante la desconfianza de la población y el pesimismo generalizado. Pero esto lo que hizo fue crear una burbuja inmobiliaria y desarrollar un marco ideal para que las hipotecas subprime proliferaran.

Mediante la concesión de estas hipotecas se quería lograr que el índice de hogares en propiedad del ciudadano estadounidense aumentara. Los bancos obtenían el beneficio de entregar estas hipotecas a través de unos intereses más altos que las hipotecas ‘normales’ a causa de la baja solvencia económica de las personas que pedían la hipoteca.

Los bajos tipos de interés hicieron que la burbuja inmobiliaria creciera y que los precios de las casas se desorbitaran, teniendo un valor económico muy por encima de su valor real. De tal forma que los bancos y entidades financieras concedían hipotecas por encima del valor real de la vivienda. Esta situación estaba sostenida en que el precio de la vivienda siempre subiría. Cuando se creó la burbuja inmobiliaria el empleo crecía en Estados Unidos y existía un mercado de trabajo muy dinámico, por lo que la población que se había hipotecado con las hipotecas subprime podía devolver el dinero prestado sin ninguna complicación, teniendo aún mejor solvencia a causa del dinero ‘extra’ que los bancos les habían concedido. Pero este dinero ‘extra’ fue empleado por lo general para la compra de vehículos, vacaciones, etc. No conocían el riesgo de que algo pudiera salir mal y por lo tanto el problema de devolver el dinero prestado sería bastante grande.

En 2004 la Reserva Federal comenzó a subir los tipos de interés, en parte para corregir la alta inflación que sufría el país, y en apenas dos años –julio de 2004 a julio de 2006– pasaron de un 1% a un 5,25%, lo que provocó un incremento espectacular de la morosidad.

Los bancos estadounidenses llegaron a un punto en el que no tenían más dinero a causa de la cantidad de hipotecas concedidas y también por el alto nivel de impagos, y tomaron la decisión de vender todas las hipotecas a inversores de todo el mundo para poder financiarse. Esto no les fue difícil lograrlo en un mundo tan globalizado financieramente como el actual.

Pero dado que sería difícil encontrar inversores que invirtiesen en estas hipotecas de tan alto riesgo, lo que hicieron los bancos fue buscar una herramienta financiera que minimizase aparentemente el riesgo. Lo que se hizo fue hacer ‘paquetes’ de hipotecas donde se mezclaban hipotecas de alto riesgo con hipotecas de riesgo medio y bajo, y vendérselas a inversores de todo el mundo, bajo el nombre de ‘Collateralized Debt Obligation’ -CDO-.

En este punto, entraron en juego las Agencias calificadoras de riesgo, cuya labor consistía básicamente en analizar y dar información a los inversores a cerca del riesgo de las inversiones. Estas agencias calificaban las inversiones mediante la siguiente escala de riesgo: AAA, AA, A, BBB, BB, B, CCC, CC, C, DDD, DD, D; donde la triple A representaban las inversiones más seguras, mientras que las D representaban un tremendo riesgo. Los cuatro primeros tipos de inversiones –AAA, AA, A y BBB- correspondían a inversiones seguras no especulativas, mientras que el resto son inversiones especulativas y en las cuales se incluían las hipotecas subprime. Las Agencias calificadoras de riesgo cometieron la negligencia de calificar las CDO como inversiones no especulativas.

Las inversiones al parecer seguras fueron compradas por inversores de todo el mundo, con lo que el sistema financiero mundial se contaminó. Al vender estas hipotecas los bancos estadounidenses dieron por supuesto que el precio de la vivienda siempre subiría. Pero a partir del año 2007 ocurrió todo lo contrario, la vivienda dejó de crecer y su valor empezó a disminuir estrepitosamente. Por otro lado las familias también vieron disminuir sus activos y el valor de sus inversiones, las cuales habían adquirido en forma de fondos de inversión a través de entidades financieras que más tarde se vieron contaminadas.

Una de las principales consecuencias de esta crisis es la desconfianza que se generó entre los bancos a la hora de prestarse dinero entre ellos y a la vez prestar dinero a las familias, empresas, etc.; ante la duda de qué entidades estaban contaminadas y cuáles no. En Estados Unidos el gobierno, ante tal situación de inestabilidad financiera y económica, tuvo que tomar la decisión de asumir la propiedad de aquellos activos ‘tóxicos’ para proceder a su depuración y salvar así al sector de la banca a través de ayudas financieras de estímulo económico inyectando liquidez. El Tesoro de Estados Unidos elaboró planes de rescate para tranquilizar el mundo financiero y asegurar el mercado y el préstamo interbancario. La producción nacional ha caído en la mayor parte de los países avanzados, provocando que numerosas empresas y compañías se vieran obligados a cerrar tras encontrarse en una situación de falta de liquidez.

Una consecuencia de la actual crisis, y que sin duda es la que más afecta a la población, es el desempleo. El paro en Estados Unidos alcanzó la cifra del 10% en diciembre de 2009, la tasa más alta en las últimas tres décadas. Las previsiones para el año 2010 en el resto del mundo no auguran una situación mejor, sino todo lo contrario. La mayoría de los gobiernos a adoptado medidas de estímulo keynesianas, que es previsible que sigan ejecutándose mientras lo permita la capacidad de endeudamiento de los estados.

Muchos economistas han comparado durante estos últimos meses las similitudes y diferencias existentes entre la actual crisis y otras ocurridas en el siglo XX. La crisis que se produjo en el año 1929 en Estados Unidos ha pasado a la historia por ser la más grave del siglo pasado. El llamado ‘jueves negro’ en octubre de 1929 fue el día en el que se desplomó la Bolsa de Nueva York y todos sus activos perdieron gran parte de su valor. En 1930 la Banca Morgan vendió todas las acciones que había comprado anteriormente provocando el hundimiento de millones de accionistas. El abandono del patrón oro y las devaluaciones fueron medidas que adoptaron varios gobiernos en los años posteriores. Estados Unidos redujo drásticamente el préstamo exterior. Se puso en marcha una política generalizada de “perjudicar al vecino”. Algunas de estas decisiones hicieron que la crisis cobrara más fuerza y que su envergadura fuera de mayor calibre.

Las similitudes existentes entre el crack del 29 y la crisis actual son varias. Por ejemplo, el lugar donde se originaron las dos crisis fue Estados Unidos. La influencia a nivel mundial de este país con el resto de naciones es tan amplia en los dos periodos, que promovió la rápida transmisión de la crisis. Por otro lado en 1929 se produjo cierta desconfianza interbancaria, igual que en la actualidad, y esto repercutió en el mercado financiero haciendo más dificultosas las relaciones entre las entidades bancarias. Ambas situaciones de crisis provocaron un fuerte aumento del desempleo. Otra característica en común es la comisión de errores por parte de los gobiernos en cuanto a la regulación de los mercados financieros. En 1929 las empresas lograban sin ninguna dificultad créditos por parte de las entidades bancarias, pero cuando se produjo el crack y los bancos reclamaron el dinero prestado las empresas no disponían de este dinero y la gran mayoría se declararon en quiebra.

Un sector que en ambas crisis se ha visto afectado con bastante intensidad ha sido el de la construcción a causa del descontrol inicial en ambas crisis, la incorrecta regulación, y la sobrevaloración de la vivienda. Cuando hablamos de crisis debemos también hablar de crisis industrial. En 1929 la producción se redujo hasta un 40%, las tres cuartas partes de la producción mundial se concentraban en Estados Unidos, Alemania, Reino Unido y Francia, por lo que la crisis afectó seriamente al tejido productivo de estos países y al mismo tiempo al resto de naciones que dependían de su producción.

Durante las dos crisis se intentó salvar en cierta medida a las empresas de la bancarrota como ocurrió entre 1933 y 1938 con la implantación del New Deal por parte del Presidente Rooselvelt, cuyos objetivos fueron ayudar a los bancos con participaciones en su capital, subvencionar al sector agrícola, y estimular la industria mediante programas de inversión pública. En la crisis actual los gobiernos también han puesto en marcha programas ambiciosos de inversión pública. Respecto al sistema bancario, en la crisis actual los gobiernos han actuado con mayor rapidez y decisión que en la crisis de 1929 para contener la crisis financiera, poniendo en marcha conjuntamente planes de rescate.

A pesar de estas similitudes, existen a la vez divergencias importantes que hacen diferentes a estas dos crisis. Por un lado en 1929 se tomó la decisión de adoptar una política monetaria restrictiva, es decir, elevar la tasa de interés, para así salvar la actividad económica. En la actualidad la política adoptada es una política de carácter expansivo y por consiguiente se ha bajado la tasa de interés. Los gobiernos en la actualidad están enfrentando desde el principio y con cierta decisión los problemas de las entidades financieras, intentado que la liquidez bancaria aumente. Sin embargo durante la crisis de 1929 no se tomaron medidas por parte del gobierno hasta 1932, año en el que los empresarios recibieron las primeras ayudas estatales. En la actualidad existen ayudas sociales para las familias o sectores más perjudicados por la crisis, mientras que en 1929 apenas había estado de bienestar. El efecto de la globalización también tiene un papel primordial en esta crisis, ya que a través de las relaciones internaciones entre los bancos, las hipotecas subprime se expandieron con gran facilidad y rapidez por todo el planeta. En 1929 aunque ya existía cierta globalización y dependencia de los bancos de Europa y del resto del mundo con los estadounidenses, no existían condiciones que hicieran tan fluidas las relaciones interbancarias. Otra diferencia es el distinto valor de las divisas que antes se fijaba mediante el Patrón Oro, sin embargo ahora se fija a través de tipos de cambio flotantes. Las diferencias existentes entre 1929 y hoy sobre la libre circulación del capital a través de una economía monetaria global existente en la actualidad hacen más accesible al capital desde cualquier lugar del mundo.

La tecnología tiene mucha importancia en este desarrollo del sistema monetario, facilita las relaciones entre países y hace que las operaciones financieras sean más rápidas y fluidas de lo que lo eran en 1929, aunque es al mismo tiempo un arma de doble filo, pues ha ayudado a la difusión de las hipotecas subprime. Los países afectados en la crisis del 29 fueron principalmente los grandes productores mundiales (Estados Unidos, Alemania, Gran Bretaña y Francia), pero la actual crisis está rompiendo fronteras y expandiéndose por todo el mundo. Por último, el papel de las instituciones económicas internacionales, como el Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial o el G20, está siendo más activo actualmente en la búsqueda de soluciones conjuntas y coordinadas a la crisis

A mi juicio, la ambición de los bancos y entidades financieras estadounidenses a la hora de vender desmesuradamente hipotecas subprime sin tener ningún sistema de control que garantizara la devolución del dinero prestado, ha sido la causa fundamental de la actual crisis financiera que ha llevado a la inestabilidad de los mercados y al aumento de la incertidumbre entre la población causando así una crisis económica. Todo esto unido, a la falta de regulación del mercado y la falta de responsabilidad política del gobierno de Estados Unidos para impedir que se concedieran las hipotecas de alto riesgo ha hecho que se dé el marco ideal para que la crisis sea tan profunda.

BIBLIOGRAFÍA

Agencia EFE (2006), 'La Reserva Federal mantiene los tipos de interés en 5,25%', 20 Minutos, 25 de octubre de 2006, en http://www.20minutos.es/noticia/165849/0/reserva/federal/dolar/

Aldcroft, D. (1989), Historia de la economía europea 1914-1980, Barcelona: Crítica, pp. 98-ss.

Aspe, P. (2009), ‘Los orígenes de la crisis’, CNN Expansión, 9 de febrero de 2009, enhttp://www.cnnexpansion.com/economia/2009/02/06/los-origenes-de-la-crisis

Berzosa, C. (2009), ‘Crisis financiera, crisis global’, El País, 10 de febrero de 2009, enhttp://www.elpais.com/articulo/opinion/Crisis/financiera/crisis/global/elpepiopi/20090210elpepiopi_4/Tes/

Brugger Jakob, S. I. (2009), ‘Las agencias calificadoras y su rol en las crisis financieras’,Contribuciones a la Economía, en http://www.eumed.net/ce/2009a/

Calvo, P. y Vegas, P. (2007), ‘Semejanzas y diferencias con otras crisis financieras: ni tulipanes, ni trenes... ¡Hipotecas!’, El Economista, 5 de octubre de 2007, enhttp://www.eleconomista.es/mercados-cotizaciones/noticias/288858/10/07/Semejanzas-y-diferencias-con-otras-crisis-financieras-ni-tulipanesni-trenes-Hipotecas.html

Delgado, M. C. (2008), ‘Un año de desconfianza y temor ante la crisis subprime’, El Mundo, enhttp://www.elmundo.es/mundodinero/2008/08/08/economia/1218205220.html

Diccionario de la Real Academia Española de la lengua, termino ‘crisis’, enhttp://buscon.rae.es/draeI/SrvltConsulta?TIPO_BUS=3&LEMA=crisis

Estudio económico de la Caja Inmaculada acerca de las de de la Hipotecas subprime, enhttp://www.cai.es/sestudios/pdf/estudios/21%20de%20octubre%20de%202007%20Hipotecas%20subprime.pdf

Evolución tipos de interés en Estados Unidos y Europa, fuente Cinco Días, enhttp://www.cincodias.com/grafico/economia/Tipos-interes/20081107cdscdseco_1/cdseco/

Hernández Andreu, J. (2008), ‘Enseñanzas de la historia ante la crisis financiera internacional’,Tribuna Complutense, 28 de octubre de 2008, nº 76, pág. 2, enhttp://www.ucm.es/info/ucmp/cont/descargas/prensa/tribuna1670.pdf

López-Morell, M. (2009), ‘Crisis o depresión: ¡Cuidado con los paralelismos históricos!’, enhttp://www.um.es/cef/joomla/index.php?option=com_content&task=view&id=611&Itemid=78

Molina Molina, E., ‘La crisis financiera actual en los estados unidos y su posible impacto en América latina’, en http://www.aealc.cu/art_molina.pdf

Pozzi, S. (2005), ‘La Reserva Federal sube los tipos de interés en EE UU hasta el 3,25%’, El País, enhttp://www.elpais.com/articulo/economia/Reserva/Federal/sube/tipos/interes/EE/UU/25/elpepieco/20050701elpepieco_3/Tes/

Valenzuela, C. (2008), ‘Expertos analizan las similitudes y diferencias con la crisis de 1929’, La Tercera, 17 de septiembre de 2008, pp. 28-29, enhttp://www.dii.uchile.cl/_contenido/prensa/_contenido/31/17_LA_TERCERA_Expertos_analizan_las_similitudes_y_diferencias_con_la_crisis_de_1929.pdf

Zamagni, V. (2001), Historia económica de la Europa contemporánea, Barcelona: Crítica, pp. 183-194.

domingo, 10 de enero de 2010

Los orígenes del crecimiento económico moderno, por Luis Enrique Clemente López


Inglaterra estaba embarazada. La gestación se prolongó demasiado en el tiempo, unos diez mil años, pero para el feto era vital una lenta y parsimoniosa transformación social, cultural, económica, religiosa, institucional, política... El alumbramiento también fue largo, debido a la necesidad de acabar definitivamente con la ya debilitada trampa maltusiana, pero estuvo facilitado por ciertos acontecimientos, como la Peste Negra, la Segunda Revolución Agrícola (siglo XVI) o la decisiva Revolución Industrial iniciada desde finales del siglo XVIII. El pequeño bebé nació sin nombre, pero hoy, dos siglos después, es conocido como Crecimiento Económico Moderno.

Dejemos de lado las comparaciones. Kuznets define el crecimiento económico moderno como “un incremento sostenido del producto per cápita, acompañado por un aumento de la población y de profundos cambios estructurales”. Para ello, fue necesario superar la trampa descrita por Malthus, donde cualquier avance tecnológico supone un aumento demográfico que conlleva a una disminución en la renta per cápita, un aumento de la mortalidad y, consecuentemente, una reversión al anterior equilibrio de nivel de subsistencia. Esta situación cíclica es explicada mediante la ley de rendimientos decrecientes, formulada por Ricardo, que se refiere a la cantidad cada vez menor de producto adicional obtenido cuando añadimos unidades adicionales de un factor de producción.

Por tanto, nos encontramos ante la necesidad teórica de una política apocalíptica para romper con la trampa maltusiana y aumentar los ingresos medios sociales. Sin embargo, el propio transcurso de la historia inglesa ejecutó ciertos frenos preventivos. La sociedad preindustrial inglesa era muy desigualitaria, pero gradualmente se produjo el acompasado surgimiento de una potente clase media. Estas personas disponían de un mayor acceso al conocimiento, y como argumenta Petty en defensa de Kuznets: “Es más fácil que un hombre de talento se halle entre 4 millones de personas que entre 400”. Así, el aumento demográfico propició una mayor innovación y un mayor crecimiento tecnológico que conllevaba a una mejor organización del sistema productivo, a la liberación de mano de obra para la industria, así como al inevitable comercio internacional de importación de alimentos y materias primas para cubrir la creciente demanda, y de exportación de manufacturas. Este mercado fue posible gracias a un conjunto de instituciones y estructuras sociales preexistentes, como defienden North y Thomas, condición clave que imposibilitó este desarrollo en otras economías mundiales, además de la seguridad de los derechos de propiedad. Por otra parte, cabe señalar diversos factores como la bajada de los tipos de interés, iniciada gradualmente en los tiempos del manor.

La Revolución Industrial constituye la solución a la trampa maltusiana. Por fin, la producción mantenía un crecimiento superior al desarrollo cuantitativo de la población, y la población inglesa dispuso de un mayor nivel adquisitivo gracias al aumento de los ingresos medios.

Imagen: Heads of six of Hogarth´s servants. William Hogarth (1697-1764). Tate Britain (www.tate.org.uk)

lunes, 20 de abril de 2009

El liderazgo en productividad de los EE.UU, por Samuel Cotarelo Estévez

La primera potencia económica mundial actualmente, EEUU, adquirió el liderazgo en productividad entre 1890 y 1913, con Reino Unido como predecesor y anteriormente Holanda. Este fenómeno se debió a los cambios que se produjeron en su economía a lo largo de todo el siglo XIX, y es lo a continuación procedemos a analizar

Una de las disyuntivas que separan las tesis de unos historiadores de las de otros son las  fechas en las que el verdadero crecimiento comenzó. Paul David, por ejemplo, afirma que el crecimiento comenzó  a principios del siglo XIX. Concretamente entre 1800 y 1820 se habría producido una mejora considerable en la productividad y en la renta per cápita. Por otro lado, Thomas Weiss postula que el verdadero crecimiento empezó a partir de la segunda década del XIX:  entre 1820 y 1840 tuvo lugar un fuerte crecimiento económico, mientras que de 1800 a 1820 apenas se puede destacar crecimiento alguno. Esta última teoría es la más aceptada por dos razones. La primera es por la calidad de la información a la que este último autor tuvo acceso, mientras que Paul David, al ser predecesor de Weiss, contó con una información menos fiable. La segunda razón es simple y llanamente por la cantidad de información disponible, siendo para Thomas Weiss mucho mayor al haber existido más tiempo  e investigaciones previas.

En cuanto a las causas de este crecimiento, existen también varias tesis, aunque no necesariamente se contradicen entre sí. Algunas de ellas son las siguientes: las que insisten en la productividad de la mano de obra (Thomas Weiss), la introducción de instituciones públicas (Thomas Weiss, Schaefer y Rostow), descubrimientos técnicos y tecnológicos e incremento de la tasa de inversión interior (Thomas Weiss y Rostow), o la abundancia de recursos naturales (Wright).

El  aumento de la productividad en la mano de obra es crucial según Thomas, pues será el factor que permita aumentar el output per cápita. El incremento de la productividad fue posible por la introducción de tecnología en los procesos de producción no sólo en la industria sino también en la agricultura. La presencia de la tecnología fue decisiva a lo largo de todo el siglo XIX, con descubrimientos tales como la máquina de coser o el telégrafo. Este último dio asimismo un fuerte impulso a las comunicaciones y contribuyó a la unidad de mercado.   La inversión en tecnología acabó internalizándose en el seno de las grandes corporaciones norteamericanas desde las últimas décadas del XIX.

En cuanto a las instituciones, y según Thomas Weiss y Schaefer,  se pueden distinguir una función básica, que es conferir estabilidad a la vez que continuidad a las relaciones de comercio (interno y externo) y mantener la existencia  por  otra parte dos tipos de “normas”,  las normas formales, que van desde las obligaciones contractuales entre los individuos hasta las leyes constitucionales, todas ellas siguiendo una clara  jerarquía. Por otra parte, existe una serie de normas informales, que no están redactadas como las leyes pero que se presuponen hasta tal punto de ser perfectamente conocidas por toda la población (hablo de rutinas, costumbres, tradiciones), y que también muy importantes para el desarrollo de un país.

En conclusión, todos estos factores se encuentran fuertemente interconectados. Pero podríamos afirmar que para que el intenso desarrollo de la economía norteamericana durante la segunda mitad del siglo XIX fuese posible lo más importante fue la presencia de unas buenas y sólidas instituciones que confirieron estabilidad política y social, y a la vez canalizaron fuertes inversiones en I+D en campos  prácticos y útiles para la industria que crecía en ese momento.  Esto a su vez aumentó  la productividad de la mano de obra, al mismo tiempo que se incrementaba la inversión en capital humano, para aumentar la mano de obra no sólo cuantitativamente sino también cualitativamente, lo cual permitió disparar la productividad durante ese periodo. Citando una frase de Rostow, “For an economic growth it’s necessary an increase in the investment share of national input, an emergence of a leading sector and the development of political and social institutions”.

Derecho de propiedad y desarrollo, por Dani Eugen Caprarin

La propiedad intelectual es clave en el crecimiento, ya que su protección y defensa está muy vinculada al ritmo al que se producen las innovaciones. En el ámbito de la cultura, y en el caso español, la lucha contra la piratería y el intento de defender los derechos de propiedad ha resultado perjudicial para los consumidores que compran grabadoras, escáneres, discos duros portables y, especialmente, discos vírgenes, porque ahora tienen que pagar el que se conoce como canon digital.

 El canon digital lo pagamos por si el material que estamos comprando lo dedicaremos a actividades fraudulentas, en este caso hacer copias ilegales de productos que tienen reservados los derechos de autor. Es decir, se acusa al consumidor de ser delincuentes antes de serlo, o mejor dicho, sin que se tenga ninguna prueba. ¿Y la presunción de inocencia? El artículo 24 de la Constitución Española, en su párrafo 2º, dice lo siguiente: "Asimismo, todos tienen derecho al Juez ordinario predeterminado por la ley (...), a utilizar los medios de prueba pertinentes para su defensa, a no declarar contra sí mismos, a no confesarse culpables y a la presunción de inocencia”. Sin embargo, en vez de presuntos inocentes, el gobierno nos considera, presuntos culpables. Análogamente, podríamos pensar, tal como dice Pedro Antonio Honrubia Hurtado, en un artículo de  enero de 2009, que una persona que compra un arma legalmente debería pasar unos años en la cárcel, por si el uso que le dará al arma no es del todo legal. Desde luego, el cobro del canon no es la mejor opción para la protección de la propiedad intelectual, y el gobierno, junto con los miembros de la SGAE, deberían buscar mejores soluciones. Sobre todo más justas. Por ejemplo, perseguir a aquellas personas que acceden a las páginas de internet de descargas ilegales.

 Tenemos que proteger la propiedad intelectual porque, como bien dice el historiador de la economía Douglass North, uno de los principales factores que explican el inicio de la revolución industrial en Inglaterra fue la creación de las instituciones que iban a permitir garantizar los derechos de propiedad intelectual. Antes de que se garantizaran esos derechos, las personas no tenían suficientes incentivos para innovar, por lo que las innovaciones eran escasas. Esto resulta lógico: si una persona no tiene la seguridad de que podrá recuperar por lo menos lo que haya invertido, y además, algunos beneficios, simplemente no invertirá. Aquí chocamos con el problema del free-rider: todas las empresas esperarían a que otras empresas inventaran nuevos artilugios, y cuando eso ocurriese, simplemente copiarían el invento y obtendrían beneficios sin asumir riesgo alguno ni gastar dinero en la investigación. Sin embargo, si todos esperamos que otros investiguen, es muy probable que muy pocos lo hagan y, de esta manera todos saldremos perjudicados. La solución que se ha dado ha sido la concesión de patentes que garantizan al inventor la posibilidad de ganar dinero. Pero al mismo tiempo, el inventor se convierte en monopolista. De esta manera las empresas se ven incentivadas a invertir en investigación, y la economía empieza a crecer.

Sin embargo, como las empresas se convierten en monopolios, al no tener competencia, las leyes de mercado no pueden actuar y el precio es impuesto por el monopolista, y suele ser un precio bastante alto. Esto se puede convertir en un problema. Veamos un ejemplo. Los recursos que se dedican a desarrollar curas para las enfermedades tropicales son bastantes escasos: entre 1975 y 1997 se patentaron en el mundo 1233 productos farmacéuticos, de los cuales solamente 13 fueron para enfermedades tropicales. Ello a pesar de que la muerte de millones de personas anualmente debido a este tipo de dolencia. ¿Por qué no se invierte más para ayudar a esta población? La respuesta es sencilla: porque no lo pueden pagar. Nos guste o no, la economía no produce aquello que necesitamos, sino aquello que podemos pagar. Sin un laboratorio encontrara la cura de la malaria, recibiría tantas presiones por parte de las organizaciones humanitarias, que acabaría cediendo la patente, y probablemente, se vería en apuros económicos por no poder recuperar la inversión. De esta manera, no se investiga sobre curas para la malaria, pero sí para otros medicamentos, como por ejemplo la Viagra, que no salva vidas pero los que la demandan sí que la pueden pagar. Una posible solución sería la que ha propuesto Michael Kremer, profesor de la Universidad de Harvard, y que consiste en que los gobiernos de los países ricos se comprometieran a comprar vacunas (a precios de mercado) a los laboratorios, y donárselas a los países pobres. 

En definitiva, es necesaria la protección de los derechos de propiedad para que exista desarrollo económico y progreso de la sociedad, pero también es preciso que dicha protección sea lo más justa posible.

Luces y sombras de la legislación sobre propiedad intelectual, por María Luisa Duque García

Basándonos en las ideas aportadas por North y Thomas, el derecho de propiedad intelectual se implanta en nuestra sociedad como bien público sufragado por los ciudadanos y administrado por el gobierno, quien se encarga de establecerlo a escala general. Es de vital importancia que esté bien definido, y que el gobierno despliegue toda su capacidad para hacerlo respetar y cumplir, ya que es una de las principales fuentes de crecimiento económico. En la actualidad, un ejemplo de las dificultades de su aplicación es la ley 23/ 2006 de 7 de julio, en la cual se establece el régimen jurídico de los Derechos de Propiedad Intelectual en España. La mencionada ley trata de otorgar un reconocimiento en favor de los autores y artistas mediante derechos de remuneración por la puesta al público de sus obras. Para esto, establece la obligación de un pago de compensación equitativa por copia privada, el llamado “canon”, recaudado por las entidades de gestión para compensar el “lucro cesante” que implica dicha copia. Y es aquí donde comienza el conflicto entre los partidarios de esta ley  (asociaciones de los titulares de los derechos como SGAE, AIE, AISGE, EGEDA, DAMA, CEDRO) y los detractores (básicamente consumidores, sus asociaciones y ciertas agrupaciones políticas o sociales) que opinan que se nos cobra por un derecho fundamental, el del acceso y adquisición de una obra artística y cultural, y que la legislación otorga privilegios a ciertos grupos privados.

Por ejemplo, Jorge Cortell, de la Universidad Politécnica de Valencia, destaca los graves defectos que presenta la ley de 2006, señalando que existen multitud de modelos de negocio que se ven potenciados con una distribución libre y gratuita a través de conciertos, el merchandising o las retransmisiones. Señala asimismo que la creación no requiere de grandes inversiones, ya que grandes creaciones históricas se han llevado a cabo con equipos caseros. Además, el canon sobre la copia privada ocasiona la injusticia de considerar a toda copia generadora de beneficio económico o lucro, además de establecerse de manera indiscriminada sobre todos los soportes, sean utilizados o no para realizar copias de productos sujetos a derechos de propiedad intelectual. La Ley –señala– no es fruto voluntad popular sino de la presión de determinados grupos de interés.

Se pueden estudiar alternativas que velen por los derechos de propiedad intelectual, y que lo hagan de manera más justa. Algunas de ellas podrían ser el “Copyleft”, que “comprende a un grupo de derechos de autor caracterizados por eliminar las restricciones de distribución o modificación impuestas por el copyright, con la condición de que el trabajo derivado se mantenga con el mismo régimen de derechos de autor que el original”; fomentar el uso de Linux como un software libre y más barato; o el “Creative Commons”, que “permite crear licencias propias eligiendo alternativas entre los parámetros más importantes (derecho de libre distribución y reproducción, obligatoriedad de identificar autor, prohibición de uso con ánimo de lucro…)”.

En definitiva, existen alternativas a la ley que merecerían ser implementadas para un acceso restringido a la cultura en aras del beneficio económico de determinados grupos de presión. El filósofo Xavir Zubiri, que acuñó el concepto de “suidad”, ya expuso que “las obras intelectuales no deberían pertenecer a nadie, sino beneficiar a todos”.

martes, 31 de marzo de 2009

Dos transiciones demográficas, por Raquel Clemente Rodríguez y Laura Cruz Iglesias

Podemos definir transición demográfica como el proceso de transformación de la estructura poblacional caracterizado, en líneas muy generales, por un descenso gradual de las tasas de natalidad  y mortalidad. Distinguimos entre dos etapas de la historia donde se ha llevado a cabo este proceso, la acontecida durante el siglo XIX en los actuales países avanzados y la iniciada en el siglo XX en los países en vías de desarrollo. Es destacable la divergencia entre los distintos autores que hacen referencia a esta teoría, sobre todo a la hora de especificar los factores que intervienen en su desarrollo, debido a la multitud de casos que se han dado a lo largo de la historia en las diferentes regiones del planeta.

Centrando la atención en la llamada transición demográfica “clásica”, podemos destacar que se trató de un proceso lento y gradual. En la fase inicial las tasas de mortalidad eran extremadamente elevadas y sólo podían compensarse con tasas de natalidad igualmente altas. La estabilización de estas tasas comenzó con la disminución de la mortalidad, motivada por mejoras en las condiciones sanitarias, higiénicas, menores crisis epidémicas, extinción de la peste, desarrollo científico…destacando una mejora indiscutible de la dieta gracias a la Revolución Agrícola (nuevas de sistemas de cultivo, mayor productividad…) y a la llegada de productos alimenticios procedentes de América. Como consecuencia de ello, se produjo un aumento de la presión sobre los recursos que puso en marcha los frenos preventivos mencionados por Malthus, destacando entre ellos “el modelo europeo de matrimonio tardío” que buscaba el control de la fecundidad. También debemos añadir como causas de este control el aumento coste de crianza de los hijos consecuencia de la aparición de una mentalidad moderna basada en la búsqueda del bienestar individual, la mayor alfabetización, la menor influencia de la Iglesia y la emancipación de la mujer. Por último, es preciso señalar que existe una correlación entre crecimiento económico estable y duradero (en este caso consecuencia de la Revolución Industrial) y tasas de natalidad equilibradas.

            En contraposición a la etapa anterior, el ciclo demográfico de los países pobres se caracteriza por ser más rápido y dinámico, ya que los conocimientos adquiridos en los países ricos se han transferido masivamente al mundo pobre provocando una drástica disminución de la mortalidad. Sin embargo, es destacable la elevada tasa de mortalidad infantil que impera en estos países, cuyas causas primordiales podrían encontrarse en la falta de recursos materiales, conocimientos médicos y desarrollo.  Además, se han producido reducciones en la natalidad mucho menores que en los países ricos, al no existir un control voluntario de los nacimientos. Para terminar, cabe mencionar la diversidad de las condiciones ambientales, estructura y cultura de las distintas sociedades pobres lo que conlleva a que estas posean tasas demográficas muy dispares.

            En definitiva, la principal diferencia es el ritmo acelerado de la segunda etapa, aunque podemos pensar que la base teórica no se corresponde con la experiencia empírica ya que continuamente aparecen datos de la elevada mortalidad cuando según la teoría ésta debería ser menor. Encontrando la causa de ello en que la transmisión de los avances modernos no es plena debido a la mala estructura institucional y política de la mayoría de estos países.

lunes, 30 de marzo de 2009

Las fuentes del crecimiento económico norteamericano, por Pablo César Olmo Navarro

El crecimiento económico estadounidense en la segunda mitad del siglo XIX fue espectacular si lo comparamos con otros países. En este periodo, concretamente desde la última década de ese siglo, Estados Unidos superó a Reino Unido como primera potencia económica mundial. A continuación voy a repasar cuáles fueron las principales fuentes del crecimiento económico que experimentó Estados Unidos.

En primer lugar, uno de los principales factores a tener en cuenta es la abundancia de tierra y la riqueza en recursos naturales del territorio estadounidense. Ello significó una mejor dotación de recursos y conllevó una ventaja competitiva en agricultura y minería. Estados Unidos gozó de una superioridad clara frente a otros países competidores en estos sectores. Además, la utilización de maquinaria mejoró los rendimientos en la agricultura. Las enormes dimensiones del territorio se pueden considerar, por tanto, una primordial fuente de crecimiento económico. Estados Unidos tenía además gran variedad de climas y recursos, lo que facilitó la especialización regional. Al mismo tiempo, ello posibilitó la formación de un gran mercado interno.

La abundancia de recursos naturales pudo ser aprovechada gracias al desarrollo de los transportes. La construcción de canales y caminos de peaje, además de la mejoras en el transporte con la aparición del ferrocarril, facilitaron el acceso a recursos naturales y la formación de un mercado interno de gran escala. Esto supuso una importante disminución en costes y un incremento en la productividad.

Por otra parte, otra de las causas a tener en cuenta es el aumento de la inversión interna. Estados Unidos destacó por su esfuerzo inversor, lo que permitió un incremento de la productividad per cápita. Al esfuerzo inversor de capital se unió el esfuerzo en la inversión en capital humano, con el apoyo del gobierno federal y la institucionalización de la investigación y la formación en el seno de las grandes empresas: investigación de mercados, avances en técnicas de venta, publicidad, desarrollo de tecnología…

Por último, Estados Unidos durante el siglo XIX experimentó un fuerte crecimiento demográfico. El alto crecimiento natural y el aumento de la inmigración procedente de Europa fueron las causas del incremento poblacional estadounidense hasta llegar a convertirse en la mayor del mundo. Destacar que el crecimiento demográfico no implica siempre un aumento en la riqueza de un país, pero en los Estados Unidos la unión de factor tierra y recursos abundantes, tecnología e inmigración produjo un resultado de fuerte crecimiento económico.

El crecimiento de los Estados Unidos, por David J. Andrés Cerezo

En la segunda mitad del siglo XIX  Estados Unidos tomó el relevo de Inglaterra como país líder en productividad. En este breve ensayo nos planteamos cuáles pudieron ser las principales fuentes del crecimiento económico norteamericano, que podrían explicar su mayor éxito relativo.

Un factor a tener en cuenta es el crecimiento de la población por la aportación realizada por la inmigración. La escasez de mano de obra en relación a los recursos naturales dio lugar a salarios altos que motivaron la llegada de inmigrantes procedentes de Europa, atraídos en parte por ese diferencial salarial. Asimismo, la tasa de crecimiento natural fue muy elevada. De los 23.2 millones de habitantes que había en 1850, los Estados Unidos  alcanzaron los 76 millones en apenas 50 años. Este desarrollo demográfico impulsó la formación de un importante mercado interno, posible gracias también a una adecuada red de transporte.

La amplia extensión territorial fue otro de los factores determinantes del liderazgo estadounidense.  La gran cantidad y variedad de recursos naturales tuvo como consecuencia un alto grado de especialización regional. Además, esta abundancia de recursos impulsó la introducción de maquinaria para suplir de alguna manera la escasez de mano de obra.  

La relativa estabilidad política de los Estados Unidos es un factor a tener también en cuenta. Asimismo, el gobierno federal promovió la unidad de mercado y una elevada libertad económica. Ello incentivó la innovación empresarial, con la creación de grandes sociedades anónimas. La elevada protección de los derechos de propiedad y una mentalidad liberal libre de tradiciones del pasado impulsaron asimismo este proceso de crecimiento.

En definitiva,  las condiciones naturales del país (abundancia de recursos minerales, gran disponibilidad de tierra) y la unión de una mentalidad competitiva e instituciones que garantizaban una recompensa al esfuerzo invertido sentaron las bases del liderazgo norteamericano desde las últimas décadas del siglo XIX.

Imagen: Ceremonia de clavado del "Remache de Oro" en Promontory (Utah), 10 de mayo de 1869, para celebrar el encuentro de la línea transcontinental tendida por Central Pacific y Union Pacific

La propiedad intelectual y el canon digital, por Ignacio Alonso

La propiedad intelectual se podría definir como el conjunto de derechos que corresponden a los autores y a otros titulares, respecto de las obras que han creado. La normativa legal vigente en España corresponde a la Ley 23/2006, y que supone una actualización de la anterior norma. Dentro de la propiedad intelectual encontramos dos ramas: la propiedad industrial, referente a creaciones industriales o patentes; y los derechos de autor, que corresponden con los autores u otros titulares de obras culturales, literarias, musicales o radiofónicas.

Los derechos de autor están en peligro desde los últimos años debido al cambio de formato de las  obras, que han pasado de un formato analógico a uno digital, lo que proporciona una mayor facilidad de copia de obras ilegales. Por ello la Ley 23/2006 introduce el denominado “canon digital”, que consiste en la imposición de un canon sobre todos aquellos productos capaces de realizar o bien copias digitales, o bien ser soporte de ellas. Las sumas recogidas por el canon son repartidas entre los miembros que tienen obras registradas en la Sociedad General de Autores Españoles (SGAE).

A pesar de ser de la satisfacción que la norma entre los miembros pertenecientes a la SGAE, esta nueva legislación ha sido criticada por haber provocado un aumento del  precio medio de productos como móviles, ordenadores, impresoras, reproductores de música o agendas electrónicas. Hay que admitir que el nivel de copias ilegales se ha incrementado de manera notable en los últimos años, pero es necesario señalar que estos productos muchas veces se convierten en herramientas básicas de muchos trabajos. Las oficinas que precisen de equipos informáticos para el almacenamiento de información interna de sus propias empresas deberán pagar el canon digital; una persona que quiera grabar fotografías propias en un CD deberá pagar el canon digital; una empresa que proporcione teléfonos a sus empleados para el desarrollo de la actividad laboral deberá pagar el canon digital. Además, el canon no libra a nadie, ni siquiera a la administración pública.

Por otro lado la Ley 23/2006 no modifica aspectos relacionados con la propiedad industrial. Las empresas con patentes concedidas sobre productos creados por ellos, ven en muchas ocasiones cómo otras empresas toman la idea general de sus productos y modifican las características necesarias para que no pueda considerarse una copia, eliminando así los derechos de explotación exclusiva de la empresa. Este problema, el de la copia, puede afectar negativamente, como señalan North y Thomas, en la iniciativa para el desarrollo de nuevas tecnologías, que suponen un pilar fundamental en el crecimiento económico.

En resumen, la nueva legislación ha intentado compensar con el canon digital las pérdidas que los propietarios de los derechos están soportando por el desarrollo de la nueva tecnología, aunque probablemente esta medida no sea la más adecuada por su falta de discriminación.

jueves, 19 de marzo de 2009

lunes, 16 de marzo de 2009

Los comunes en el espacio


Debris in space

Flying blind

The tragedy of the commons meets the final frontier

THE Earth’s orbit is getting crowded. The past few years have witnessed huge growth in the number of satellites. Unfortunately, wherever civilisation ventures it leaves a trail of rubbish. Of the 18,000 tracked objects travelling around the Earth that are larger than 10cm (4 inches), only about 900 are active satellites. The rest is debris—everything from fragments of paint to entire dead satellites and bits of old rockets. Smashed bits of space equipment orbit along with items dropped by astronauts, including tools and the odd glove.

That is quite enough trash, without needlessly creating vastly more of the stuff by smashing up satellites. Yet the destruction of the Chinese Fengyun-1C in an anti-satellite missile test in 2007 accounts for more than a quarter of all catalogued objects in low-Earth orbit. And the collision of an American commercial satellite and a defunct Russian military one has just added thousands more pieces of debris. For the sake of the whole planet, the space industry needs to clean up its act.

In space no one can hear you clean

Space junk is dangerous. Anything larger than a fleck of paint poses a hazard to the useful working satellites that surround the Earth, and on which the world increasingly depends for communications, broadcasting and surveillance. Space waste is not biodegradable. You cannot sweep it up. Instead, it will stay in orbit for decades, or even centuries, before it eventually falls to earth and burns up.

As the pile of rubbish grows, so does the risk of collisions. In the 1970s one NASA scientist pointed out that debris from one collision could go on to create a second, which would create still more debris and more collisions, and so on. Eventually, an entire orbit would be rendered useless for generations.

The orbits around the Earth are too valuable to let this happen. Space is a public common and humanity needs to value it. So it is time to stop so many satellites from flying blind. Although some organisations collect and analyse data on potential collisions, they are not always precise and there are gaps in their knowledge—as the recent collision has shown. The European Space Agency has said it will encourage space agencies to share more information. It will also establish standards for working more closely with America.

But that is too modest. What is needed is an international civil satellite-awareness system that would provide everyone from small governments to business with the information they need to operate safely. To create such a system cheaply, however, requires countries to pool information from their separate ground sensors. The system should lay down the rules of the road, such as who has to give way. All space-faring countries should comply with international guidelines to minimise the amount of debris created by launches. There is a strong case for a moratorium on debris-creating anti-satellite tests. And satellite-launchers should be obliged to buy insurance to cover the risk of extra costs before they venture into space, rather as car-drivers must before they take to the road. One such cost arises when a satellite has to take evasive action and thereby uses up fuel, reducing its life in orbit.

This plan need not be expensive, but it faces one big difficulty. Because orbit is open to anyone with a launch-rocket handy, some countries may be tempted to let everyone else bear the costs of precaution while they reap the benefits. The space powers can use all sorts of levers to bring such recalcitrants round, from access to technology to moral pressure. Ultimately, though, if free riders refuse, it is important that the resulting stink does not block an agreement altogether. Do not let the mess on the ground exacerbate the mess in the skies above.

En The Economist, 19 de febrero de 2009.